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Investigadores del IIIPC analizan el impacto de un cambio climático en los bosques de Llanes hace 8.200 años

Un estudio revela cómo un episodio de enfriamiento transformó la vegetación en el entorno de El Mazo, afectando a los bosques y a las comunidades prehistóricas que dependían de ellos.

Investigadores del IIIPC analizan el impacto de un cambio climático en los bosques de Llanes hace 8.200 años

Un reciente estudio del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) ha documentado cómo un episodio de enfriamiento y mayor aridez, ocurrido hace 8.200 años, transformó el paisaje del entorno de El Mazo, en Llanes (Asturias). Este evento climático provocó la reducción de los bosques caducifolios y un aumento de las zonas abiertas, con una mayor presencia de plantas herbáceas y arbustos.

La investigación, liderada por Igor Gutiérrez Zugasti y David Cuenca Solana, examina también cómo las comunidades prehistóricas de la región obtenían alimentos y combustible de la vegetación local. El trabajo, titulado "Vegetation and plant resource exploitation during the 8.2 ka event: The mesolithic shell-midden of El Mazo (Asturias, northern Iberia)", ha sido publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports.

Transformaciones en la vegetación

Tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente 11.700 años, las condiciones más templadas y húmedas favorecieron la expansión de los bosques caducifolios en la región cantábrica. Sin embargo, durante el evento 8.2, se produjo un descenso significativo de la cobertura arbórea, mientras que los abedules y los pinos aumentaron su presencia. “Los bosques se redujeron de manera significativa, dando paso a paisajes más abiertos”, explica Gutiérrez Zugasti.

Los análisis de polen indican que, tras este periodo de alteración climática, los robledales y avellanares recuperaron gran parte de su presencia, evidenciando la notable capacidad de recuperación de la vegetación ante cambios ambientales drásticos.

Recursos vegetales y prácticas de subsistencia

El Mazo es un abrigo rocoso que conserva evidencias de ocupaciones de grupos de cazadores-recolectores, anteriores a la agricultura y la ganadería. Los investigadores han recuperado grandes cantidades de restos vegetales, carbones y pólenes que permiten reconstruir las condiciones ambientales del ecosistema y los recursos explotados por estas comunidades.

La madera de roble fue el combustible más utilizado, debido a sus propiedades para mantener el fuego. A pesar de la reducción de los robledales, los habitantes continuaron utilizando esta madera y recolectando avellanas, lo que indica una continuidad en las prácticas de aprovechamiento vegetal durante el episodio climático.

Investigación interdisciplinar y futuro del estudio

Las excavaciones en El Mazo, realizadas entre 2009 y 2017, han proporcionado materiales que siguen siendo objeto de estudio. Cuenca Solana destaca la importancia de mantener la inversión en investigación para avanzar en el conocimiento de estas poblaciones del pasado. Este trabajo ha recibido apoyo de proyectos estatales y fondos europeos, lo que subraya la relevancia de la investigación en la comprensión de la prehistoria en la región.

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