Las enfermeras pediátricas del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla han subrayado la relevancia de distinguir entre el dolor y el miedo en la atención a los pacientes más jóvenes. Un estudio cualitativo realizado por el Grupo de Investigación en Enfermería del IDIVAL, que involucró a 21 profesionales, ha puesto de manifiesto cómo estas valoraciones influyen en las decisiones clínicas y en las estrategias de cuidado aplicadas.
El trabajo, titulado Nursing insights into the management of procedural pain in pediatric patients: A qualitative study, ha sido publicado en la revista científica Journal of Pediatric Nursing. En él, se analizan las complejidades de interpretar las señales de dolor infantil y cómo estas se entrelazan con respuestas emocionales como el miedo y la ansiedad.
Resultados del estudio
Las entrevistas en profundidad realizadas entre enero y junio de 2025 revelan que la valoración del dolor en los niños depende de múltiples factores, incluyendo las señales que expresan, la experiencia profesional de las enfermeras, el contexto asistencial y las circunstancias familiares. Dado que el dolor y el miedo pueden manifestarse de manera similar, se requiere una atención individualizada para cada paciente.
Las enfermeras han adaptado su comunicación y el entorno, utilizando técnicas de distracción como el juego, las canciones y ejercicios de respiración, además de involucrar a las familias en el proceso de atención para mitigar el impacto emocional en los niños.
Propuestas de mejora y bienestar profesional
El estudio también propone la incorporación de escalas de dolor en los registros clínicos electrónicos y el establecimiento de criterios comunes para mejorar la atención. Además, se destaca la importancia de aplicar estrategias no farmacológicas para aliviar el dolor y la ansiedad.
Por otro lado, se ha identificado el impacto emocional que estos procedimientos generan en las enfermeras. Algunas profesionales han compartido sus experiencias de nerviosismo y malestar, especialmente al inicio de su carrera, resaltando la necesidad de apoyo entre colegas para mantener la calma y ofrecer una atención segura.
En conclusión, los hallazgos del estudio apuntan a la necesidad de avanzar hacia una atención pediátrica más humana y centrada en el niño y su familia, combinando la práctica clínica con herramientas de valoración compartidas y formación específica.